Plaza del Pilar de Zaragoza
Ubicada en el corazón del casco histórico de Zaragoza, la Plaza del Pilar es el auténtico epicentro de la vida social, cultural y turística de la ciudad.
Los zaragozanos la conocen cariñosamente con el sobrenombre de «el Salón de la Ciudad», ya que es el lugar de encuentro preferido para las grandes celebraciones, eventos y el día a día de los locales.

Con una impresionante superficie de más de 24.000 metros cuadrados, está considerada una de las plazas peatonales más grandes de Europa.
Este inmenso espacio rectangular no solo sorprende por sus dimensiones, sino por la espectacular riqueza monumental que concentra en cada uno de sus rincones.
Al caminar por ella, te verás rodeado por joyas arquitectónicas de la importancia de la majestuosa Basílica del Pilar, la Catedral del Salvador —conocida popularmente como La Seo—, el Palacio de la Lonja de estilo renacentista y el moderno monumento a Goya.
Cada fachada cuenta una parte fundamental de la historia de la capital aragonesa, reflejando el paso de diferentes culturas a lo largo de los siglos.
Si no quieres perderte ningún detalle de su pasado romano, medieval y barroco, la mejor alternativa es recorrerla acompañado por expertos locales en un completo free tour por Zaragoza en español.
Basílica del Pilar
Dominando por completo el paisaje de la plaza, la majestuosa Basílica de Nuestra Señora del Pilar es la joya indiscutible de este espacio y uno de los templos barrocos más grandes del mundo.
Su imponente fachada de más de 130 metros de largo, coronada por sus famosas once cúpulas de azulejos de colores y sus cuatro altas torres, regala la postal más famosa de Zaragoza.

Al cruzar sus puertas desde la plaza, los visitantes descubren un interior monumental que alberga tesoros artísticos incalculables.
El punto de mayor devoción es la Santa Capilla, donde se custodia la pequeña imagen de la Virgen del Pilar sobre su célebre columna de jaspe.
Además, no puedes dejar de admirar el Retablo Mayor tallado en alabastro y los espectaculares frescos pintados por el mismísimo Francisco de Goya en las cúpulas.
Para poner el broche de oro, puedes subir en ascensor a una de sus torres para disfrutar de las mejores vistas panorámicas de toda la Plaza del Pilar y del río Ebro.
La Seo
En el extremo oriental de la Plaza del Pilar, compartiendo protagonismo con la basílica, se alza la Catedral del Salvador, conocida por todos como La Seo.
De hecho, por la presencia de las dos catedrales, la Plaza del Pilar también es conocida como Plaza de las Catedrales.
Aunque a menudo pasa más desapercibida desde el exterior, este templo es una auténtica joya oculta que sorprende a los viajeros por su fascinante mezcla de estilos artísticos, fruto de siglos de historia sobre un antiguo foro romano y la mezquita mayor.
Lo primero que capta la atención desde la plaza es su fachada barroca y su esbelta torre campanario. Sin embargo, el verdadero tesoro se encuentra en su muro exterior mudéjar, un tapiz de ladrillos y azulejos polícromos declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
En su interior, el templo deslumbra con sus espectaculares bóvedas góticas, un retablo mayor medieval de alabastro y el acceso al Museo de Tapices, que alberga una de las colecciones de tapices flamencos más importantes del mundo.

Museo del Foro
Justo debajo del suelo adoquinado de la Plaza del Pilar, a pocos metros de la fachada de La Seo, se esconde el Museo del Foro de Caesaraugusta.
Al cruzar sus puertas, puedes realizar un viaje a través del tiempo para descubrir el antiguo centro político y comercial de la Zaragoza romana del siglo I, durante el mandato del emperador Augusto.
Este espacio arqueológico subterráneo es una parada imprescindible porque forma parte de la famosa Ruta Caesaraugusta, un itinerario que recorre el pasado romano de la ciudad junto a los museos de las Termas, el Puerto Fluvial y el Teatro.
En su interior se pueden ver los restos del gran mercado romano, tuberías de agua de la época y las cloacas originales del foro, por las que incluso se puede caminar un tramo.
Es una visita muy interactiva que gustará a toda la familia, ideal para entender de forma amena cómo era la vida diaria bajo la actual plaza hace dos mil años.

Lonja de Zaragoza
En la misma Plaza del Pilar, justo entre el Ayuntamiento de Zaragoza y la Catedral de La Seo, se encuentra el Palacio de la Lonja.
Construido en el siglo XVI, es el edificio civil renacentista más importante de Aragón y nació con el objetivo de dotar a los comerciantes de la ciudad de un lugar cubierto para realizar sus negocios, evitando que usaran las catedrales.
Aunque su sobria fachada de ladrillo exterior se integra perfectamente en la arquitectura tradicional aragonesa de la plaza, el verdadero espectáculo aguarda en su interior.
Al cruzar la puerta, te encontrarás con un imponente espacio de planta única que imita a un «bosque de columnas». Sus esbeltas columnas se abren en lo alto formando unas espectaculares bóvedas de crucería estrellada que quitan el aliento.
Actualmente funciona como sala de exposiciones temporales del Ayuntamiento, por lo que su acceso es gratuito, convirtiéndose en una parada cómoda, rápida y de gran valor cultural durante tu paseo por la plaza.

Ayuntamiento de Zaragoza
En el flanco sur de la Plaza del Pilar, encajado entre la Basílica y el Palacio de la Lonja, se alza el edificio del Ayuntamiento de Zaragoza.
Aunque el consistorio actual se inauguró a mediados del siglo XX, su arquitectura fue diseñada minuciosamente para imitar el estilo renacentista aragonés, logrando una armonía visual perfecta con el resto de los monumentos históricos de la plaza.
Al pasear frente a él, lo primero que llama la atención son las dos imponentes esculturas de bronce que custodian su entrada principal.
Estas figuras, obra del famoso artista aragonés Pablo Serrano, representan a San Valero, patrón de la ciudad, y al ángel custodio de Zaragoza.
Aunque su interior alberga estancias espectaculares como el Salón de Recepciones, la mayoría de los viajeros disfrutan de su fachada exterior, que sirve como el escenario de fondo perfecto para muchos de los eventos y mercados que llenan de vida la plaza durante todo el año.

Monumento a Goya
Ubicado en el extremo oriental de la Plaza del Pilar, justo enfocado hacia la Catedral de La Seo, se encuentra el Monumento a Goya.
Este conjunto escultórico rinde homenaje al pintor Francisco de Goya, el artista aragonés más universal de todos los tiempos y una figura estrechamente ligada a la historia de Zaragoza.
El monumento destaca en la plaza por su original diseño en diferentes niveles.
En la parte más alta, una figura de bronce de Goya, esculpida por el artista Frederic Marès, preside el espacio apoyada sobre un gran pedestal de granito.
Justo debajo, se sitúan dos conjuntos de estatuas adicionales: por un lado, una pareja de zaragozanos ataviados con trajes de la época y, por otro, dos figuras femeninas conocidas como las «Majas», que parecen haber cobrado vida directamente desde los cuadros del pintor.

Cenotafio a Goya
Situado muy cerca de la Lonja y al lado del gran monumento dedicado al pintor, el Cenotafio a Goya es uno de los secretos históricos mejor guardados y que más desapercibidos pasan en la Plaza del Pilar.
Un cenotafio es una tumba vacía, y este sobrio bloque de piedra tiene un valor histórico incalculable: se trata del monumento funerario original que cubrió los restos de Francisco de Goya en el cementerio de Burdeos, Francia, ciudad donde falleció exiliado en 1828.
Cuando el cuerpo del genial pintor aragonés fue exhumado y trasladado definitivamente a España en 1899, el mausoleo quedó vacío en tierras francesas.
Años más tarde, con motivo del centenario de su muerte, la ciudad de Burdeos regaló este monumento a Zaragoza, instalándose en la Plaza del Pilar en 1946.
En él se aprecian inscripciones originales en francés y latín que recuerdan su primer entierro, lo que convierte a este rincón de la plaza en un auténtico testigo directo de la muerte del artista.

Pasaje del Ciclón
Justo en el punto donde la Plaza del Pilar se conecta con la concurrida calle Alfonso I, se esconde el Pasaje del Ciclón.
Su nombre oficial es Pasaje del Comercio y de la Industria, pero los zaragozanos lo rebautizaron popularmente debido a una mítica juguetería que ocupó sus bajos comerciales durante décadas.
Este rincón destaca como una de las joyas arquitectónicas más singulares de la ciudad, ya que es uno de los tres únicos ejemplos de galerías comerciales cubiertas del siglo XIX que todavía se conservan en toda España.
Diseñado con una marcada estética modernista de aire francés, el pasaje cuenta con un original diseño interior en forma de cruz que comunica cuatro calles distintas.
Actualmente, adentrarse en sus galerías es como hacer un pequeño viaje en el tiempo, ideal para tomar un café relajadamente o admirar sus elegantes techos decorados a solo unos pasos del bullicio de la plaza.
Calle de Alfonso I
La Calle de Alfonso I es la gran arteria peatonal que conecta el bullicioso Paseo de la Independencia con la misma Plaza del Pilar.
Inaugurada a mediados del siglo XIX con el objetivo de sanear y modernizar el entramado medieval del casco histórico, esta elegante avenida destaca por la perfecta simetría y homogeneidad de sus bellas fachadas decimonónicas de color blanco y balcones de forja.
Para el viajero, recorrer esta animada calle comercial es una de las experiencias más bonitas de Zaragoza.
Al caminar por ella con dirección al río, su trazado recto ofrece una de las perspectivas visuales más espectaculares de la ciudad: la majestuosa cúpula central de la Basílica del Pilar enmarcada al fondo entre los edificios.
Repleta de cafeterías tradicionales, heladerías y tiendas locales, es el paseo imprescindible que todo el mundo recorre de forma natural antes de asomarse a la gran plaza.

Fuente de la Hispanidad
En el extremo oeste de la Plaza del Pilar, justo enfrente de la Iglesia de San Juan de los Panetes, se encuentra la monumental Fuente de la Hispanidad.
Este conjunto escultórico e hidráulico se construyó en 1991 como parte de la gran remodelación de la plaza y sirve para conmemorar el vínculo histórico entre Zaragoza y los países hispanoamericanos.
La fuente destaca por su original diseño arquitectónico, lleno de simbolismos que los viajeros pueden descifrar fácilmente al observarla.
La caída principal del agua dibuja de forma abstracta la silueta del mapa de Centroamérica y Sudamérica.
Además, el monumento se completa con tres grandes bloques de piedra que representan las tres carabelas de Cristóbal Colón —la Pinta, la Niña y la Santa María— y un gran globo terráqueo de hormigón.
Es una parada obligatoria para fotografiar los reflejos de las torres de la basílica sobre el agua y disfrutar del agradable sonido de las cascadas en mitad de la plaza.

Iglesia de San Juan de los Panetes
Tras la Fuente de la Hispanidad, en el extremo occidental de la Plaza del Pilar, se alza la Iglesia de San Juan de los Panetes, declarada Monumento Histórico Artístico.
Construida a principios del siglo XVIII por la Orden de San Juan de Jerusalén, este templo destaca por su preciosa portada barroca de piedra.
El detalle que más fascina a los viajeros al mirarla desde la plaza es su esbelta torre campanario de estilo mudéjar-renacentista, que presenta una visible inclinación hacia el río Ebro. Esta singular imperfección la convierte en la «Torre de Pisa» particular de Zaragoza.
Su simpático nombre popular, «de los Panetes», proviene de una entrañable costumbre medieval de la orden religiosa, que repartía pequeños panecillos bendecidos a los pobres de la ciudad, uniendo para siempre la historia solidaria al paisaje urbano de la plaza.

Torreón de la Zuda
A escasos metros del final de la Plaza del Pilar, justo al lado de las antiguas murallas romanas, se levanta el imponente Torreón de la Zuda.
Esta torre de ladrillo es el último vestigio en pie de un antiguo alcázar musulmán que sirvió como residencia de los gobernadores de la Taifa de Zaragoza durante la época andalusí, y posteriormente como palacio para los reyes de la Corona de Aragón.
Para los viajeros, este monumento es uno de los mejores secretos de la zona gracias a su magnífico mirador de la última planta, cuyo acceso es totalmente gratuito.
Tras contemplar su bella decoración exterior de estilo mudéjar, puedes entrar al edificio —que hoy alberga una Oficina de Turismo— y subir para disfrutar de una de las vistas panorámicas más espectaculares de Zaragoza.

Muralla romana
Completando el conjunto monumental del extremo occidental de la Plaza del Pilar, junto al Torreón de la Zuda, se conservan los restos de la Muralla Romana de Zaragoza.
Este monumental cinturón de piedra llegó a tener en el siglo III una longitud de tres kilómetros y hasta 120 torres defensivas, protegiendo eficazmente a la próspera colonia de Caesaraugusta de cualquier amenaza exterior.
Hoy en día, los viajeros pueden pasear libremente junto a un tramo de unos 80 metros de longitud que se mantiene en un estado de conservación excepcional.
En el mismo espacio destaca la gran estatua de bronce del emperador César Augusto, un regalo de la ciudad de Roma a Zaragoza en los años cuarenta que preside el paseo de forma majestuosa.
En las cuatro caras del pedestal se pueden leer los nombres que ha tenido la ciudad a lo largo del tiempo: Salduie, Caesaraugusta, Saraqusta y Zaragoza.
Es una parada fotográfica obligatoria dentro de la plaza que te permite tocar con tus propias manos bloques de piedra con casi dos mil años de antigüedad.